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Molienda de avena

La molienda de la avena: ¿es tan complicado?

¿Te has preguntado alguna vez cómo se convierten los copos de avena en lo que son? Para empezar, la avena cruda pasa por un proceso de limpieza muy riguroso: se eliminan las piedras, el polvo, la paja y cualquier otra cosa que no sea avena, para asegurarse de que solo pase la avena de verdad.

Luego viene la fase de descascarillado, donde la avena recibe un suave golpe contra un aro de goma para que se desprenda su dura cáscara exterior y quede al descubierto la estrella que hay dentro: el grano.

Ahora toca un día de sauna para los copos de avena: se calientan (secado en horno) para eliminar cualquier sabor raro, potenciar su sabor a nuez y cremoso, y que se conserven más tiempo. Si los quieres en trocitos, los granos se pueden cortar en pedacitos bonitos y uniformes (avena cortada con acero). Por cierto, también podemos empezar con un secado suave y luego golpear suavemente la avena durante el descascarillado. La elección la tiene el molinero.

¡Es hora de la transformación! En el caso de los copos de avena, los granos pasan por otra breve sesión de vapor y luego se aplanan con rodillos, convirtiéndose en los clásicos copos de avena que tanto te gustan; incluso se someten a un secado rápido para rematar. ¿Copos de avena cortados a la piedra? Son esos granos del tamaño de un bocado, laminados hasta convertirse en pequeños copos de avena (copos de avena instantáneos, copos finos, copos de hoja pequeña… tú lo llamas como quieras, nosotros simplemente los laminamos).

Por último, se pesan, se empaquetan en big bags de entre 800 kg y 1000 kg, o se cargan a granel, listos para emprender el viaje hacia un café con leche de avena, un bol de desayuno o una galleta crujiente de avena. ¡Impresionante, ¿verdad?!